NUESTRA HISTORIA
En el corazón del barrio de Chueca, uno de los más vibrantes y con más personalidad de Madrid, se alza una de las tabernas con más solera y tradición de la capital: la Taberna de Ángel Sierra. Desde su fundación en 1908, este local se ha mantenido como un testigo silencioso del paso del tiempo y de las transformaciones del entorno, conservando intacto su carácter auténtico y castizo. Originalmente concebida como bodega, su historia dio un giro en 1917 con la llegada de Ángel Sierra, quien no solo le dio su nombre, sino que también imprimió al lugar una identidad única. Durante las reformas que siguieron, se incorporaron elementos decorativos que aún se mantienen y que hoy son símbolo del establecimiento: los azulejos de La Cartuja de Sevilla, la madera traída desde Cuba, y las cubas de roble que adornan sus rincones, dan forma a un espacio cargado de historia y tradición. Uno de los aspectos más valorados por quienes la visitan es su capacidad de conservar la atmósfera del Madrid de principios del siglo XX. El local, con su barra de estaño y madera, sus techos decorados con frescos históricos y su distribución clásica, ofrece a los clientes una experiencia que va mucho más allá del simple tapeo: es un viaje en el tiempo.
Más allá de su arquitectura, la Taberna de Ángel Sierra se ha consolidado como un epicentro de la vida social madrileña. Ha acogido durante décadas a vecinos, artistas, escritores y personajes ilustres. Se sabe que figuras como Gloria Fuertes o Camilo José Cela pasaron por sus mesas, sumando al lugar un valor cultural innegable. También ha servido como plató de cine, alcanzando proyección internacional al ser incluida en «La flor de mi secreto» (1995), del aclamado director Pedro Almodóvar, quien la inmortalizó como parte del imaginario madrileño. En la actualidad, sigue siendo una referencia imprescindible en la ruta del vermut y la gastronomía tradicional madrileña. Su vermut de grifo, reconocido como uno de los mejores de la ciudad, es el emblema de la casa, acompañado por una oferta clásica de conservas, canapés, empanadas y banderillas. Lejos de haberse convertido en un simple reclamo turístico, la taberna mantiene un equilibrio perfecto entre lo popular y lo auténtico, atrayendo tanto a residentes como a visitantes que buscan sumergirse en la esencia más pura del alma madrileña. Así, la Taberna de Ángel Sierra no es solo un establecimiento centenario: es memoria viva de una ciudad que cambia sin perder su identidad. Su presencia constante en la Plaza de Chueca representa la permanencia de lo genuino en un barrio dinámico y moderno. Cada rincón, cada copa de vermut, cada conversación junto a la barra, mantiene vivo el espíritu de generaciones que han encontrado en esta taberna un hogar fuera de casa.






